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SOLEDAD BARRETT, UMA HEROÍNA LATINOAMERICANA

Publicado no site http://elmuertoquehabla.blogspot.com.br/2011/01/soledad-barret-lleno-de-asombro-un.html

 Soledad Barret llenó de asombro a un Uruguay que vivia en la luna

El 8 de enero de 1973 moría asesinada en Recife (Brasil) Soledad Barrett Viedma.

Francisco Corral ABC (Paraguay)

El 8 de enero de 1973 moría asesinada en Recife (Brasil) Soledad Barrett Viedma. Tenía 28 años, había nacido en Paraguay y era nieta del escritor hispanoparaguayo Rafael Barrett. Su brutal asesinato a manos de la policía política brasileña causó una profunda impresión entre las personas que la conocieron. Mario Benedetti escribió en su memoria el poema “Muerte de Soledad Barrett”. Daniel Viglietti compuso la canción “Soledad”.

Cuando en 1977 llegué por primera vez a Asunción, Soledad Barrett permanecía viva en la retina de muchos. Su trágica muerte, ocurrida cuatro años antes, aún despertaba el horror y las lágrimas de quienes la habían conocido. Todos la recordaban como una joven adorable, extraordinariamente bella y dotada de un especial encanto personal

con tu pinta muchacha

pudiste ser modelo

actriz

miss paraguay

carátula

almanaque

Poseía, además, esa particular gracia para el canto y la danza que brota como una armonía natural en muchas mujeres paraguayas. Quienes la escuchaban, quedaban inevitablemente deslumbrados por la magia suave de su sonrisa y de su voz

con sólo colocárteles en frente

sólo mirarlos

sólo sonreír

sólo cantar cielitos cara al cielo

Pero si notable era su belleza física y su atractivo externo, no era menor la integridad de su personalidad y de su carácter: bondadosa, solidaria, sensible a todos los dolores ajenos e indiferente a los propios, rebelde frente a las injusticias, decidida, valiente. Soledad poseía una sólida conciencia moral que la impedía permanecer indiferente ante el despotismo y la empujaba a colocarse al lado de los oprimidos.

Se diría que los ardientes e incisivos escritos de su abuelo, la denuncia dolorida de la explotación que Rafael Barrett había plasmado, por ejemplo, en “El dolor paraguayo”, se habían hecho carne viva en la persona de la nieta.

pero el abuelo Rafael el viejo anarco

te tironeaba fuertemente la sangre

y vos sentías callada esos tirones

¿Quién podría sospechar que la vida injusta y cruel (o mejor dicho, la cruel condición de los seres humanos) iba a deparar a esta joven extraordinaria uno de los destinos más terribles que la mente humana pueda imaginar?

Paraguay, Uruguay, Cuba y Brasil

Había nacido el 6 de enero de 1945 en Paraguay. Y quienes gusten de cábalas o concedan algún valor al ciego azar de las fechas del calendario, anoten la curiosidad de que su abuelo Rafael había nacido un día después, el 7 de enero; y un día más tarde, el 8 de enero, fue la fecha fatídica de su propia muerte.

Soledad se exilió en Uruguay con sus padres y vivió en Montevideo buena parte de su juventud. Allí protagonizó en julio de 1962 un incidente que tuvo amplia repercusión en la opinión pública uruguaya: un grupo neo-nazi la raptó en su condición de destacada dirigente estudiantil y con amenazas de muerte quisieron obligarla a gritar sus consignas. Como Soledad se resistió, le grabaron con una navaja cruces gamadas en la carne.

hace diez años tu adolescencia fue noticia te tajearon los muslos porque no quisiste gritar viva Hitler ni abajo Fidel

Era el comienzo de la violencia que en Uruguay llevaría a la instauración del régimen militar. Y Soledad tuvo que abandonar también ese país. Vivió varios años en Cuba y allí conoció al brasileño José María Ferreira de Araujo; se casaron y tuvieron una hija. Él volvió a Brasil en 1970 para integrarse a los grupos que en aquellos años aspiraban a realizar la revolución socialista inspirados en el ejemplo cubano. Un año después, Soledad le siguió. Al poco tiempo de llegar a Brasil supo que José María había sido apresado y muerto. Soledad encontró en esa muerte un motivo más para seguir en la lucha contra las dictaduras que por aquellos años dominaban los países latinoamericanos.

Entra en escena el “Cabo Anselmo”

Se llamaba Anselmo dos Santos y había tenido una actuación muy relevante en la política brasileña de los años 60. Fue uno de los líderes del llamado “movimiento de los marineros” que en 1963 se atrevió a desafiar la rígida estructura militar de la Marina reclamando condiciones dignas y el elemental respeto a la dignidad humana de los soldados. Bien es verdad que la situación política era favorable: el gobierno progresista de Joao Gulart no veía con malos ojos esas reivindicaciones.

El 30 de marzo de 1964, cuando sólo tenía 24 años, el Cabo Anselmo tuvo su gran día de gloria. Como portavoz de los marineros que estaban amotinados, Anselmo compartió la tribuna nada menos que con el propio presidente de la República, João Gulart, en un momento trascendental para la historia de Brasil, una de las ocasiones que todos los libros de historia recogen. Fue en el local del Automóvil Club de Río de Janeiro, en un acto público que se recuerda como el último discurso de Gulart. A las pocas horas, al amanecer del día siguiente, se produjo el golpe de Estado que iniciaba 21 años de dictadura militar en Brasil.

Como el personaje destacado que era, Anselmo fue expulsado del ejército en uno de los primeros decretos que firmó el nuevo gobierno militar y empezó a ser buscado intensamente. Consiguió asilarse en la embajada de México, pero luego renunció al asilo y abandonó la embajada para integrarse en los grupos que se mantenían en la clandestinidad. Poco después fue preso y permaneció detenido durante varios meses hasta que consiguió escapar de la prisión y salir de Brasil.

Tras una corta estancia en Montevideo, viajó a Cuba donde permaneció desde finales de 1965 hasta el 15 de septiembre de 1970, fecha en que regresó a Brasil con identidad falsa para unirse a la lucha clandestina que en esos momentos se estaba organizando contra la dictadura.

En la vida de Soledad se cruza el Cabo Anselmo

Anselmo era amigo y camarada del compañero de Soledad, José María Ferreira, que también había sido marinero y había participado en las revueltas de Río de Janeiro. Es seguro, por tanto, que Soledad y Anselmo coincidieron en Cuba, e incluso tal vez ya antes en Uruguay.

Cuando José María regresa de Cuba a Brasil entre junio y julio de 1970 junto con Edson Neves Cuaresma, uno de sus cometidos consistía en preparar el terreno a Anselmo y a otros que iban regresando desde el exilio. Pero coincidiendo casi con la vuelta de Anselmo (septiembre de 1970) José María es capturado y muerto.

Soledad, por su parte, como ya hemos dicho, viaja a Brasil un poco después, en los primeros meses de 1971. Y sólo en Brasil sabe de la muerte de José María.

Con el paso del tiempo, las vidas de Soledad y del viejo camarada y amigo de José María se van acercando; y Anselmo acaba convirtiéndose en el nuevo compañero de Soledad.

Pero lo terrible de la historia, es que el Cabo Anselmo… era en realidad un infiltrado, un agente al servicio de la policía.

La otra vida de Anselmo

¿Cómo y en qué momento pudo convertirse en un delator aquel joven que había llegado a ser todo un mito de la izquierda y que a los 24 años había alcanzado mayor protagonismo político que ningún otro líder revolucionario a esa edad?

Algunos, como Edgar Morel o Jarbas Marques, que le conocieron en los años 60, dicen que en aquellos momentos ya sospecharon que podía ser un agente provocador encargado de radicalizar el movimiento de los marinos para fomentar enfrentamientos que justificaran el golpe militar. Y alegan como apoyo de esa versión la extraña historia de su renuncia al asilo en la embajada de México y su posterior huída de la cárcel.

Otros, creen (y esto parece ser lo más probable) que cambió de bando cuando fue preso en São Paulo el 30 de mayo de 1971, unos ocho meses después de haber regresado de Cuba. La tortura y las amenazas de muerte habrían conseguido que Anselmo se prestara a colaborar con la policía política.

En cualquier caso, no hay ninguna duda (y él mismo lo ha confesado) de que a partir de 1971 Anselmo colabora como confidente con los más sanguinarios grupos de la represión. Y lo hace con una eficacia terrible ¿se imaginan tener como infiltrado al más emblemático joven líder revolucionario? Nadie hubiera podido nunca desconfiar del prestigioso líder de los marineros.

La razón se resiste a aceptar que alguien pueda llegar a tal grado de inhumanidad y de vileza como para denunciar sistemáticamente durante casi dos años a decenas (tal ven centenares) de compañeros, lo que significaba entregarles a la tortura y la muerte. Pero Anselmo llegó aún más lejos y completó su miserable traición entregando a los seis miembros del grupo del que él mismo formaba parte como infiltrado. Entre ellos se encontraba su propia compañera, Soledad, que además estaba embarazada.

Los seis fueron apresados, torturados y muertos.

La “masacre de la Chácara de São Bento”

La versión oficial fue la de un “enfrentamiento a tiros” ocurrido el 8 de enero de 1973 en un lugar próximo a Recife conocido como la Chácara de São Bento. En el tiroteo entre la policía y un grupo de siete subversivos, seis de ellos habrían sido muertos y uno habría conseguido escapar. El que supuestamente habría escapado sería Anselmo y mediante esa estratagema, la policía esperaba poder seguir utilizando sus servicios. No sirvió de mucho, pues la traición quedó al descubierto y Anselmo se vio obligado a desfigurar su rostro para no ser reconocido y a vivir oculto desde entonces.

Sólo a partir del año 1995, gracias a la ley nº 9.140, pudo crearse en Brasil una “Comisión Especial de Reconocimiento de los Muertos y Desaparecidos Políticos”. En 1996 la Comisión se ocupó de aquel asunto y enseguida confirmó lo que siempre se había sospechado: que la versión oficial era totalmente falsa.

Se constató que uno de los seis integrantes del grupo (José Manoel da Silva) fue apresado la noche del día antes, 7 de enero, en una gasolinera. Otro de ellos (Jarbas Pereira Marques) fue detenido en la librería en la que trabajaba. Otros dos (Eudaldo Gomes da Silva y Evaldo Luiz Ferreira) en sus domicilios. Y los otros dos (Pauline Reichstul y Soledad Barrett) fueron detenidas en la boutique donde trabajaban.

Una de las testigos presenciales, Sonja María Cavalcanti, testificó ante la Comisión que “Soledad y Pauline estaban en la boutique cuando cinco hombres, diciéndose policías, invadieron el local, golpearon salvajemente a Pauline mientras Soledad, que estaba embarazada, sólo se preguntaba insistentemente ¿por qué?”.. “después las dos fueron llevadas en dos autos”. Cuando le fueron mostradas fotos, la testigo identificó al Cabo Anselmo como uno de aquellos cinco hombres.

No hay palabras que puedan reflejar lo que pasaría en aquellos momentos por la cabeza de Soledad. Tan sólo la sequedad tremenda de ese repetitivo “¿por qué?” nos indica algo de su desconcierto ante la brutal densidad del drama. Ni la más terrible tragedia griega ha llegado a dibujar una situación semejante: descubrir de golpe que se ha incubado el huevo de la serpiente y que su pareja y padre de su futuro hijo se ha transfigurado en el verdugo que empujará a la muerte a sus compañeros, a ella misma y a su propio hijo antes de nacer.

mi vida entera no alcanza para creer

que puedan cerrar lo limpio de tu mirada;

no existe tormenta ni nube de sangre que puedan borrar

tu clara señal

Las declaraciones presentadas ante la Comisión son estremecedoras. Para no abundar en el horror, nos quedamos con una parte del testimonio de la abogada Mércia Alburquerque que logró entrar al depósito de cadáveres del cementerio de Santo Amaro y que describe así la escena que contempló: “Pauline estaba desnuda, tenía una perforación en el hombro y parecía haber sido muy torturada. Jarbas tenía perforaciones en la cabeza y en el pecho y marcas de cuerdas en el cuello. Soledad, también desnuda, tenía a su alrededor mucha sangre y a sus pies un feto”.

Así, con esa imagen sangrienta de la crueldad, pusieron injusto fin a la vida de aquella mujer extraordinaria que fue Soledad Barrett. Su corta existencia fue un canto de rebeldía y libertad; su final, una triste historia de lucha, amor, traición y muerte en tiempos oscuros de dictadura. Una triste historia que no debería ser olvidada.

Soledad no viviste en soledad

por eso tu vida no se borra

simplemente se colma de señales

Soledad no moriste en soledad

por eso tu muerte no se llora

simplemente la izamos en el aire

http://youtu.be/oiCnHj40yO

Mario Benedetti y Daniel Viglietti son dos referentes de la palabra comprometida del Uruguay. No es casual que se hayan reunido y que esa reunión haya perdurado en el tiempo, abriendo un espacio que fue resignificándose con el paso de los años. En 1978, cuando el poeta y el cantautor se encontraron en el exilio en México cayeron en la cuenta de cuánto había en común en lo que estaban escribiendo cada uno por su lado y así nació la idea de encontrarse en A dos voces. Lo que comenzó como una experiencia que respondía a la necesidad de alzar las voces y de unirlas en el exilio terminó siendo un espectáculo que mantuvieron durante 27 años, y que llevaron por distintos países, de este lado de la orilla, en 1984 en Obras Sanitarias y en 1993 en el Gran Rex, y también en Montevideo, en 1985 en el cine 18 de Julio.

“Lo que hicimos fue un trabajo casi de hilanderos, de tejido, empezamos a tejer confluencias”, definiría más tarde Viglietti. Así se entrelazan las voces de ambos cantando y recitando en homenaje a Roque Dalton (A Roque, de Benedetti, Daltónica, de Viglietti), a Nicaragua, a Chile y Salvador Allende. Y así van desfilando clásicos de cada uno como Bandoneón y Por qué cantamos, entre lo más cantado y repetido en postales de la obra de Benedetti, La llamarada y Otra voz canta, entre los temas más conocidos del repertorio de Viglietti. Y están los versos que cada uno por su lado escribió en homenaje a Soledad Barret, la militante paraguaya secuestrada en 1962 en Montevideo y asesinada en Recife, Brasil, y que tienen un significado especial en el disco

Mario Benedetti recuerda en diálogo con Página/12 la importancia que tuvieron estos versos en el origen de A dos voces: “Con Daniel éramos muy amigos, desde hacía años. Nos encontramos en México, en el exilio, y empezamos a hablar de lo que estaba haciendo cada uno. Que esta canción, que este poema… Nos sorprendió encontrar que los dos le habíamos escrito a Soledad Barret, porque la habíamos conocido y le teníamos mucho cariño”, cuenta el autor de Gracias por el fuego. “Empezamos a ver que teníamos otros temas comunes, y así fuimos armando un recorrido de poesía y canción. Con el tiempo fuimos introduciendo muchos cambios en el repertorio, pero el poema y la canción de Soledad Barret siempre quedaron, son especiales para nosotros”, explica el poeta, que antes de A dos voces ya había hecho la experiencia de llevar sus versos a los escenarios junto a Alberto Favero y Nacha Guevara, con éxito masivo.

Soledad Barret y La noche de los caimanes

 http://youtu.be/oiCnHj40yO

“Se recuerda para preparar un futuro más justo, más fraternal y sin guerras”

Arthur London

Escrito por: GRACIELA AZCÁRATE

Corría el año 1973 y en el Luna Park de Buenos Aires, Mikis Teodorakis acompañado de una orquesta sinfónica y un coro griego atronaba con su… “era la noche de los caimanes”. Los jóvenes no sabiamos que íbamos a ser traicionados.

Era el músico de la película Estado de sitio, del relato de Dan Mitrione, de Costa Gravas, de la noche de los coroneles en Grecia. Era un tiempo de apocalipsis.

Pero nosotros, la juventud de ese entonces no sabiamos nada de lo que estaba por venir.

El genial compositor griego le habia puesto musica al Canto General de Pablo Neruda que fue premonición y augurio.

En septiembre, en el Sur profundo se inicio la larga noche de espanto para los chilenos, en Buenos Aires la Triple A de López Rega desaparecía la juventud en flor y en Brasil, al empezar el año, el 8 de enero de 1973 para ser precisos mataban bajo tortura a Soledad Barret la nieta del divino Rafael Barrett el escritor anarquista español.

El 8 de enero de 1973 fue torturada y asesinada en la ciudad de Recife en el norte de Brasil, Soledad Barrett Viedma. Tenía 28 años, había nacido en Paraguay y era la nieta del periodista español Rafael Barrett. Mario Benedetti escribió en su memoria el poema “Muerte de Soledad Barrett” y Daniel Viglietti compuso la canción “Soledad”.

Sus biógrafos la relatan llena de encanto y con la gracia tan particular de la

mujer paraguaya. Era bella por fuera pero por dentro la integridad de su personalidad y de su carácter bondadoso y solidario la hacia sensible a todos los dolores ajenos e indiferente a los propios. Era rebelde frente a las injusticias, decidida, valiente.

Soledad estaba poseída por la sólida conciencia moral del abuelo que le impedía permanecer indiferente ante el despotismo y la empujaba a colocarse al lado de los desdichados.

Como un mandato ancestral, como esas “cartas del pasado” que recuerdan toda una obligación generacional es posible que ella reinterpretara “los bastonazos aplicados por su abuelo al duque, que en realidad fueron, un verdadero vapuleo a toda una clase social atrincherada en sus bandidescos privilegios”.

Porque el abuelo escribió ardientes e incisivos escritos donde denuncio la explotación de los yerbatales plasmado en “El dolor paraguayo”, “que se habían hecho carne viva en la persona de la nieta./pero el abuelo Rafael el viejo anarco/ te tironeaba fuertemente la sangre/ y vos sentías callada esos tirones”

Soledad Barrett nació el 6 de enero de 1945 en Paraguay. Por un juego de cábala o de azar su abuelo Rafael nació un día después en 1876, y casi un siglo después la mataron de manera innoble y a traición.

Soledad y su familia se exiliaron en Uruguay y vivió en Montevideo buena parte de su juventud. En julio de 1962, siendo una adolescente un grupo neo-nazi la raptó por su condición de dirigente estudiantil, la amenazaron de muerte, la quisieron obligar a gritar consignas por Hitler y como se negó le grabaron en carne viva una cruz gamada.

Debió exiliarse y vivió varios años en Cuba donde conoció al brasileño José María Ferreira de Araujo con el que se casó y tuvo una hija. Él regreso a Brasil en 1970 para integrarse a los grupos clandestinos que trabajaban por el socialismo pero es apresado y muerto. Ella entonces encuentra a su ángel de la muerte.

Se llamaba Anselmo dos Santos y tuvo una actuación muy relevante en la política brasileña de los años 60. Fue uno de los líderes del llamado “movimiento de los marineros” que en 1963 se atrevió a desafiar la rígida estructura militar de la Marina reclamando condiciones dignas y el elemental respeto a la dignidad humana de los solda

Desde 1971 Anselmo colaboró como confidente con los más sanguinarios grupos de la represión con una eficacia terrible.

El cabo Anselmo fue maestro de inhumanidad y vileza porque denunció sistemáticamente durante casi dos años a centenares de compañeros, lo que significaba entregarlos a la tortura y la muerte. Anselmo llegó bien lejos y completó su traición entregando a los seis miembros del grupo del que él mismo formaba parte como infiltrado. Entre ellos estaba su propia compañera, Soledad, que además estaba embarazada. Los seis fueron apresados, torturados y muertos. en lo que se llamo la masacre de la Chácara de São Bento”

La versión oficial habla de un “enfrentamiento a tiros” ocurrido el 8 de enero de 1973 en un lugar próximo a Recife conocido como la Chácara de São Bento.

Sólo a partir del año 1995, gracias a la ley 9.140, pudo crearse en Brasil una “Comisión Especial de Reconocimiento de los Muertos y Desaparecidos Políticos”

En 1996 la Comisión se ocupó de aquel asunto y confirmó que la versión oficial era falsa. De los seis integrantes del grupo, José Manoel da Silva fue apresado la noche del día antes, 7 de enero, en una gasolinera, Jarbas Pereira Marques, fue detenido en la librería en la que trabajaba, Eudaldo Gomes da Silva y Evaldo Luiz Ferreira fueron apresados en sus domicilios. Pauline Reichstul y Soledad Barrett fueron detenidas en la boutique donde trabajaban.

Una testigo presencial, Sonja María Cavalcanti, testificó ante la Comisión y dijo: “Soledad y Pauline estaban en la boutique cuando cinco hombres, diciéndose policías, invadieron el local, golpearon salvajemente a Pauline mientras Soledad, que estaba embarazada, sólo preguntaba insistentemente ¿por qué?”… “después las dos fueron llevadas en dos autos”. Cuando le fueron mostradas fotos, la testigo identificó al Cabo Anselmo como uno de aquellos cinco hombres.

…Era la noche de los caimanes…y Soledad descubrió de golpe que habia incubado el huevo de la serpiente, que su pareja y el padre de su futuro hijo era el verdugo que empujó a la muerte a sus compañeros, a ella y a su propio hijo antes de nacer.

“mi vida entera no alcanza para creer/ que puedan cerrar lo limpio de tu mirada;/ no existe tormenta ni nube de sangre que puedan borrar/ tu clara señal”

Las declaraciones presentadas en 1995 ante la Comisión de reconciliación por la abogada Mércia Alburquerque que logró entrar al depósito de cadáveres del cementerio de Santo Amaro son estremecedoras: “Pauline estaba desnuda, tenía una perforación en el hombro y parecía haber sido muy torturada. Jarbas tenía perforaciones en la cabeza y marcas de cuerdas en el cuello. Soledad, también desnuda, tenía a su alrededor mucha sangre y a sus pies un feto”.

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